Ricos y pobres

Imagínate que, de un día para otro, te conviertes en rico.

¿Qué comprarías?

Ahora imagínate que todo ese dinero desaparecerá en unas horas. Vaya marrón.

Eso mismo le pasó a un grupo de amigos en un viaje y te puedo adelantar que acabó muy pero que muy mal.

El viaje.

2009, Aeropuerto Internacional de El Salvador.

Cuatro españoles con ganas de farra en el aeropuerto.

Eduardo, uno de ellos, tiene raíces en el país y convenció a los otros tres para ir hasta allí. Les prometió paisajes exóticos, leyes corruptas y precios baratos. Lo que Edu no vio venir fue lo que les pasaría al comprar un ticket de lotería a un yonqui.

Sí, un drogadicto, se lo encontraron esperando el bus que conecta el aeropuerto con la ciudad más cercana. Vendía papeletas de una especie de lotería tipo rasca. Edu no es de los que gasta dinero “en esas mierdas” pero su colega Vicente es de bolsillo fácil y con la euforia del aterrizaje compró dos.

VICENTE

Si toca lo compartimos.

Y se los guardó en la cartera. El muy cabrón no los rascó al momento.

Me encanta cuando las personas son capaces de posponer la recompensa, esa pequeña dosis de dopamina provocada por la anticipación al posible premio. Vicente sabía que hacerlo más tarde prolongaría ese placer. Esto es como lo del gato de Schrödinger, mientras no lo rasque existirá una realidad en la que habrá ganado… ¿Por qué no fantasear un poco más con ese momento?

Ricos.

La actitud estoica le duró poco a Vicente. Cuando llegaron al hotel vaciaron el minibar, el restaurante y todos los vasos que les servían en las terrazas. Tampoco dudaron en tomarse una pastilla rosa que les vendió un camello en la zona turística. Actuaban como niños de veintipico en un cuerpo de treinta y largos.

En medio de la euforia Chume cayó en la cuenta.

CHUME (a Vicente)

¡Buah buah buah! Saca la cartera.

Poca gente sabe por qué le llaman Chume al tercero de los amigos, ni siquiera yo. Es el típico que ves fumando en las terrazas de los bares y no sabes si lo que tiene en la mano es un cigarro de liar o un porro, ni si se ha bebido una cerveza o seis.

Vicente tuvo un momento de lucidez en medio de la nube intergaláctica en la que su mente flotaba y entendió que Chume quería que sacara los rascas que había comprado.

Los sacó de la cartera, los apoyó en una pared y con el culo de un mechero empezó a rascar.

Te comento, por si no has comprado nunca un rasca: Hay varias casillas que vas rascando con símbolos y marcianadas y, en la última, te pone cuánta pasta te llevas. La cifra. Vicente fue directo a esa, que es la importante. Empezó a rascar y…

VICENTE

¡Pillaaaa! Cero euros.

CHUME

A ver…

Le quitó de las manos la papeleta a Vicente. Edu y Luis permanecían ajenos a la escena, intentando ligarse a dos tías de la terraza de enfrente que pasaban de ellos

Chume siguió rascando y descubrió que había más cifras en la casilla del premio. Se quedó con los ojos bien abiertos. Estaba flipando. Algo debía estar mal.

CHUME

¡Tú, tú! ¡Mira!

Chume le mostró el rasca, ponía claramente que habían ganado 4.500.000 de dólares americanos.

Cuatro millones y medio. Has leído bien. Imagina la sensación que sentirías al ver esa cifra.

Vicente y Chume fueron corriendo a por los otros dos compis que estaban tirando la caña. No entendían muy bien qué pasaba y por qué les estaban jodiendo el pincho.

VICENTE

¡Nos ha tocado! ¡4 MILLONES!

No sé quién flipó más. Si Edu y Luis o las dos tías con las que hablaban, que luego no se querían separar al enterarse de que eran millonarios.

Lo primero que hicieron fue ir corriendo a la barra.

CAMARERO

No tenemos Champagne.

LUIS

¡Pues pon 4 chupitos! De lo más caro que tengas.

Tras la tercera ronda empezaron a fantasear sobre qué harían con el dinero.

Cada uno de ellos tenía ideas distintas en la cabeza pero todos compartían un contexto: Estaban amargados con su trabajo y este premio les iba a permitir al fin ser libres. No tendrían que volver a trabajar.

Las dos muchachas, que aún seguían allí y se habían apuntado a la ronda de chupitos caros, les advirtieron:

TÍA BUENORRA

Acá no es como en España. Los gobernadores son corruptos y los ciudadanos pobres. Tengan cuidado con el boleto premiado, la gente es malvada.

Se nota que no conoce España. En cualquier caso, esto levantó las alarmas del grupo. Como cuando estas de fiesta y te dan una mala noticia, se les bajó el ciego de golpe. Era mucho dinero y, un gran poder, conlleva no estar drogado (al menos en la medida de lo posible).

Decidieron volver al hotel a dormir. Se levantarían pronto e irían a cobrar el premio. Un plan sin fisuras.

El día D.

Todos tenemos la imagen del típico local de loterías donde venden chicles, tabaco y rascas. Aquello era muy distinto, parecía más bien el paqui 24 horas de un barrio mediocre de una gran ciudad donde compras cigarros sueltos.

Llegaron siguiendo las indicaciones de la recepcionista del hotel y se llevaron una gran decepción. No sabían cómo iban a cobrar esos cuatro millones y medio de dólares pero estaba claro que el hombre flacucho y encorvado que se situaba tras el mostrador no era la respuesta. Aún así merecía la pena tantearlo.

Edu, que alardeaba de entender a la gente de allí, hizo un gesto a sus compañeros que interpretaron como un “dejadme a mí“.

EDU

Hola amigo. Póngame un paquete de tabaco de liar, un mechero, boquillas y… Por casualidad… ¿No sabrá cómo hago para cobrar un rasca?

El dependiente despertó. Parecía que hubiesen tirado un petardo valenciano debajo del mostrador.

DEPENDIENTE

¿Vosotros sois los españoles que han ganado el bote nacional de cuatro millones y medio?

Mierda. Las Madonna (así bautizaron a las dos chicas que conocieron la noche anterior) se habían ido de la boca. La ciudad era pequeña y la historia de un grupo de españoles que se acaban de hacer millonarios muy jugosa. Encima, el crack de Edu se había delatado de una, la primera en la frente. Ahora intentarían robarles y violarles en medio del desierto, o eso imaginaba Chume, que ya se había fumado su mañanero.

El dependiente insistió en que no tenían de qué preocuparse, que el se encargaba de cobrar los premios. Ni drogado hasta las trancas, susurró Vicente.

Edu cerró la transacción comercial y salieron escopetados del local cochambroso. La semilla de la paranoia que sembraron las Madonna estaba floreciendo a la velocidad de un hyperlapse.

El plan.

Hay que pensar algo, algo rápido. Decían los cuatro agobiados mientras caminaban rápido por la calle.

Tenía que ser rápido porque cuanta más gente supiera que portaban un ticket millonario más probable sería que se lo robaran.

Decidieron entonces ir a la oficina central de loterías que se encontraba a cuatro horas en autobús.

Las distancias no eran largas pero las carreteras no invitaban a pisar el acelerador. Los cuatro amigos no podían creer que ese autobús oxidado todavía funcionara.

Al llegar a la oficina empezaron a sonreír. Aquello pintaba muy bien. Le explicaron su caso a un señor muy majo que había en recepción y les gestionaron todo enseguida. Cobrarían los 4 millones y medio de dólares… en 24 horas y en una cuenta bancaria local.

VICENTE

¿Cómo que local? Nosotros no tenemos una cuenta local.

RECEPCIONISTA

Son las leyes del país, no podemos ingresar el dinero en una cuenta extranjera.

EDU

Bueno… Podemos abrir una, ¿no?

RECEPCIONISTA

Lamento comunicarles que necesitan tener la nacionalidad o ser residentes fiscales para abrir una cuenta bancaria acá.

Estaban jodidos. Primero pensaron en utilizar a algún ciudadano para cobrar el dinero, pero no se fiaban ni de su sombra. Los familiares de Edu eran muy lejanos y enviarles el dinero sin más no era un plan sólido.

Una chica que trabajaba en la oficina central de loterías y que estaba escuchando la conversación de fondo se acercó y les dijo que podrían acogerse a una excepción. Resulta que para “asuntos de urgencia” el banco permite abrir cuentas a extranjeros con ciertas limitaciones de tiempo. Perfecto.

Fueron al banco, gestionaron lo que acabó llamándose cuenta exprés con relativa facilidad y cobraron el premio. ¡Al fin! En 24 horas lo tendrían en su cuenta.

No quisieron volver a la ciudad en la que se hospedaban por si había algún problema, así que buscaron un hotel cerca de la oficina central y aprovecharon para hacer turismo sobrio (del soso) hasta el día siguiente. Fueron las 24 horas más largas de sus vidas.

Transferencia recibida: 4.500.000$

Se quedaron empanados mirando la pantalla del móvil. Sobre todo Luis, que nunca había visto más de 1.800€ juntos.

La jugada estaba clara, dividieron entre cuatro y Vicente fue el primero en hacerse la transferencia.

1.125.000€ a su cuenta española. “Error: Transferencias internacionales deshabilitadas. Contacte con su oficina para más información”.

Mierda, no iba a ser tan fácil.

Aquí viene lo bueno.

Fueron al banco y allí se enteraron de que las cuentas exprés no pueden realizar transferencias fuera del país para evitar la fuga de capitales. Lo marca la ley.

SEÑOR DEL BANCO

Recuerden también que la cuenta tiene una duración limitada.

VICENTE

¿Cómo que limitada?

SEÑOR DEL BANCO

48 horas.

Ahora si que estaban jodidos.Resulta que la cuenta caduca y, en ese momento, el dinero que queda se transfiere automáticamente al tesoro del estado (más una comisión que se lleva el banco).

El pánico empezó a cundir. Ya habían pasado 24 horas con la cuenta abierta esperando la transferencia así que solo les quedaban otras 24 para hacer algo con el dinero.

No podían transferirlo a sus cuentas por lo que las opciones eran escasas. Empezó un debate que acabó pareciéndose más a una pelea… no se ponían de acuerdo.

Al final, decidieron que cada uno haría con su parte lo que quisiera. Tenían 24 horas para mover el dinero y prácticamente era el mismo tiempo que les quedaba en el país, tenían un visado de turismo de pocos días y permanecer más tiempo allí les supondría la prohibición de volver.

La mejor opción.

Antes de continuar me gustaría que pienses por un momento qué habrías hecho tú. Qué haces con tu 1.125.000$ en 24 horas y sin poder transferirlos a tu cuenta.

Venga, piénsalo. No me voy a ninguna parte.

¿Ya? Ok, veamos qué hicieron ellos.

Vicente intentó comprar inmuebles pero pronto descubrió que no podía hacerlo siendo extranjero. Sobornó a un par de funcionarios y le hicieron un apaño para poder comprar una villa valorada en medio millón de euros.

Con el resto compró algunos lingotes de oro que escondió en la villa y algunas monedas que intentó sacar del país pero que le quitaron en el aeropuerto cuando pasó por el arco de seguridad, una vez más El Salvador no estaba dispuesto a dejar que el dinero saliera.

Edu viajó para buscar a sus familiares lejanos y les convenció para usarlos de intermediarios y poder enviar el dinero a su cuenta española. Le costó convencerles, era gente muy humilde y no querían meterse en líos con el gobierno (y un ingreso millonario en la cuenta llama mucho la atención).

Les ofreció una comisión de más de 100.000$ por las molestias y al final cedieron. Todo tiene un precio. De primeras la jugada le salió regular porque cuando hacía la transferencia a su banco español el banco de El Salvador la cancelaba, sin motivos aparentes. Después probó a hacerlo poco a poco con cantidades más pequeñas y nada, no dejaban que el dinero saliera.

Uno de sus primos lejanos es informático y le habló de Bitcoin (que por aquel entonces empezaba sus andaduras) y cómo podía utilizarlo para transferir el dinero sin intermediarios, Edu no tenía ni idea de esas frikadas pero no le quedó otra. Finalmente pudo hacer la transferencia gracias a las criptomonedas.

Luis intentó algo parecido a Edu pero con Las Madonna. Les transfirió el dinero y desaparecieron. Si te parece una lección dura, todavía fue peor cuando apareció un grandullón en un calle poco concurrida y le amenazó a punta de pistola. Si buscaba o denunciaba a las muchachas su vida correría peligro. Game Over.

El caso de Chume es bastante distinto. Él era más listo que los demás, o eso creía.

Primero sacó lo que pudo en efectivo hasta que llegó al límite. Luego, buscó un camello por la zona para pillarle algo de hierba y le tanteó sobre un posible “gran pedido”.

Los narcos no son gente con la que puedas jugártela, pero él había hecho muchos chanchullos en España y sabe como funcionan. En un país corrupto como El Salvador no debería ser difícil blanquear el dinero a través de ellos. Acordó dos pagos por una compraventa de “sofás de lujo”, él les dio el dinero y ellos le ingresaron al momento el dinero en su cuenta española.

Chume no se la quiso jugar con todo por si la movida de los narcos salía mal (más tarde descubrió que efectivamente le habían estafado), por eso se reservó la otra mitad para gastarlo.

Solo se vive una vez, se dijo en voz alta en las películas. Reservó una suite de lujo, contrató prostitutas, compró montones de en droga, ropa carísima y toda la tecnología que pudo. Sus amigos se descojonaron cuando le vieron llegar con el Mofeta Gucci outfit al aeropuerto

Pobres.

Las amistades vienen y van.

Al igual que tú con muchos amigos, ellos también se acabaron separando.

Unos dicen que fue por temas de trabajo e intereses comunes, otros que después de lo que vivieron nunca más se sintieron cómodos.

Son ese tipo de recuerdos que uno prefiere enterrar.

Habrás oído mil veces que las comparaciones son odiosas, sí, lo que no te dicen es que (a veces) son inevitables.

A pesar de ello, hace poco, han quedado para ponerse al día.

Han hablado de muchas cosas pero lo interesante es lo que pasó con el dinero.

Luis tiene poco que decir… aún está asustado por lo que ocurrió y prefiere no pensar mucho en el tema.

Chume no conserva un duro. La transferencia de los narcos nunca llegó y de aquél día el único recuerdo que le queda es la resaca.

Edu consiguió cambiar el dinero de las criptomonedas en España por euros. No lo declaró a hacienda por una mezcla entre desconocimiento y pereza (la peor de las combinaciones), lo que le supuso un buen sablazo. Lo que le quedó lo fue gastando poco a poco sin saber muy bien en qué y cuando se dio cuenta el único dinero que tenía era el de la nómina de cada mes.

A Vicente le fue bastante mejor. Volvió a El Salvador y empezó a hacer amigos del gobierno haciendo fiestas en su villa. Pronto, con sus nuevas amistades, consiguió regular su situación consiguiendo la nacionalidad, vender parte del oro y reinvertirlo en bolsa. Aún conserva el casoplón, al que va de vez en cuando. Hoy vive de las rentas.

Se gana dinero descontando lo obvio y apostando a lo inesperado.

-George Soros.

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